En el retablo pictórico que se esconde bajo el retablo barroco, tallado y dorado por José Fernando de Medinilla a mediados del siglo XVIII, encontramos que en el friso superior discurre una inscripción epigráfica incompleta que reza así: <<(MANDO F) AZER ESTA OBRA FERNANDO PINTO. ACABO (SE AÑO DE…)>>.
Este Fernando Pinto, hasta ahora ignorado cintero, ha sido identificado recientemente en la Colección Diplomática de Santa Clara de Moguer (1280- 1483), donde consta su existencia entre 1400 y 1430. Se trata de un rico mercader, con importantes y variopintos intereses económicos -pesca, agricultura, ganadería…- repartidos entre los términos de Palos -su más que posible origen-, Huelva y Moguer.
Podemos incluso reconstruir la estela de la familia Pinto, gracias a las nuevas indagaciones publicadas, que nos muestran una influyente saga de mercaderes, terratenientes e incluso un poderoso clérigo, que jalonan las relaciones sociales y económicas de las poblaciones de las riberas del Tinto y el Odiel, durante los siglos XV, XVI y XVII, hasta la caída en desgracia de uno de ellos a causa de herejía, a partir de la cual sus herederos pierden su capacidad económica y su posición social.
A esta influyente familia se debe la construcción de la Carabela Pinta, si bien más tarde, en el momento de la preparación de la expedición colombina sabemos que ya era propiedad de Cristóbal Quintero y Gómez Rascón.
No sabemos a ciencia cierta, si Fernando Pinto sufragó solo la pintura del altar o si lo que "mandó fazer" fue la obra de la ermita en sí, como nos hace pensar al tratarse de una capilla rural dedicada a una advocación concreta y con un marcado carácter votivo. Esta hipótesis se vería corroborada por la posibilidad real de que así fuera, por cuanto los documentos que nos muestran a este mercader nos permiten aventurar que manejaría recursos suficientes para afrontar la totalidad de la obra -quizá con ayuda de donativos de los devotos-, hecho que además, reforzaría su imagen social en un contexto de final del medievo donde el origen llano pesaba en la escala de relaciones sociales, y un gesto como el promover la erección de un templo constituiría ineludiblemente un aval importante.
La ubicación temporal de la construcción inicial de la primitiva ermita, coincidente con la vida activa de Fernando Pinto, vendrían a corroborarlo. Máxime cuando los intereses ganaderos que se citan en las fuentes nos hacen elucubrar si acaso no sería algún hecho accidental relacionado con esas actividades la que propiciarían el signo de agradecimiento, tal y como plasma la memoria del milagro del toro.
