Fray Felipe de Santiago, franciscano del monasterio de La Rábida, es quien recopila las leyendas de los milagros de la Virgen de la Cinta en 1714, en un manuscrito que se conserva en Archivo Histórico del Convento de Nuestra Señora de Loreto, Espartinas (Sevilla), sobre el que el historiador José Ramón Mélida, en su estudio sobre la Rábida, afirma que dichas leyendas fueron "sacadas de un pergamino escrito en latín en 1515" que se encontraba en el Monasterio.1
En su relación, y tras relatar el Milagro del Zapatero Juan Antonio, nos cuenta el Milagro del Toro y la salvación del Pastor, o mejor cabría decir Mayoral, Francisco Pedro:
"Con la invasión musulmana los cristianos la ocultaron y derribaron la ermita. Permaneció oculta hasta el año 1400. Apareció cuando un mozo, llamado Francisco Pedro, conducía unas reses vacunas y fue acosado por un toro. Para salvarse dio un gran salto y se agarró a unas matas altas que trepaban por un muro.
En aquel momento se desprendieron algunas piedras y surgió la milagrosa imagen. A sus gritos acudieron muchas personas: unas para ver el animal arrodillado, y otras atraídas por la muchedumbre que se había agolpado en el lugar. Acabaron por descubrir la pintura mural, que recortaron y trasladaron a un sitio más alto, donde hoy está la ermita, dejando en el lugar de la aparición una señal junto al camino. Era el mes de diciembre del citado año."
Lo más significativo de la leyenda del Milagro del Toro es que se ubica temporalmente en diciembre de 1400, momento en el que los estudiosos determinan el inicio de la construcción de la actual Ermita, ejemplo de las ermitas rurales del siglo XV, de marcado carácter mudéjar, con significativas similitudes con la arquitectura rabideña, especialmente los arrabás originales de su portada que guardan similitud extraordinaria en diseño y materiales utilizados con el claustro mudéjar del monasterio de la Rábida, comenzado a labrar a partir de 1412.
Respecto al hecho que se narra, es interesante comprobar que el trasiego de reses bravas es un hecho plenamente acreditado en la zona, desde que el rey Alfonso XI garantizó la repoblación de las tierras de Niebla con privilegios, entre los que se encuentra el Privilegio Rodado de 23 de abril de 1338, en el que hizo destinó una gran extensión de dehesa para pasto de ganado vacuno.
Esta circunstancia propició que en el siglo XV tuvieran fama los "ganados triguereños".
También es conocida la afición por la tauromaquia de la familia de los Guzmanes, Duques de medina Sidonia, Condes de Niebla y Señores de la Huelva. La Huelva de los siglos XV y XVI vio la celebración de fiestas de toros en la plaza de San Pedro, que acogía a las Casas del Cabildo, la Parroquia Mayor y el Castillo.
Más curioso resulta el conocer que el traslado de ganado que requerían los juegos de toros, desde las dehesas triguereñas hasta el lugar de la lidia, se realizaba por el camino que une Huelva con Trigueros, conocido como “Cañada Real de Trigueros” y que, entrando por el actual Camino del Cementerio, conectaba con la entrada natural de la Villa por el Camino de Gibraleón en la zona del actual Santuario.
- 1. Fuente: MÉLIDA, José Ramón, El Monasterio de Nuestra Señora de la Rábida, Boletín de la Real Academia de la Historia, Tomo 74 (1919). Madrid
