La conmemoración en Huelva del 8 de septiembre, como la Fiesta de Nuestra Señora de la Cinta, se remonta a tiempos inmemoriales, siendo una de las tradiciones más antiguas de nuestra ciudad y que ha venido celebrándose cada año de manera inalterable desde hace más de cinco siglos.

Constituía, tal y como sigue ocurriendo hoy en día, la Fiesta Principal de la Hermandad de la Cinta, que ya existía desde, al menos, los albores del siglo XVI.

En aquellos primeros tiempos la fiesta religiosa en la ermita, en el día de la Natividad de la Santísima Virgen, debió ser una celebración litúrgica muy sencilla.

Pero la fecunda devoción a la Virgen de la Cinta llevó, en 1602, a que el devoto onubense don Francisco de Leiva y su esposa otorgaran una manda testamentaria para dotar los cultos del 8 de septiembre, movidos por sus deseos de solemnizar y dar mayor esplendor la Fiesta de la Natividad, como la fiesta de la Virgen de la Cinta.

Tal y como consta en la escritura de fundación, Francisco de Leiva dotó económicamente al Santuario y a la Hermandad para "decir y cantar en la ermita de Nuestra Señora de la Cinta, que está en término de esta villa, la Fiesta de la Natividad de Nuestra Señora, en la cual, la víspera, se han de decir vísperas y el día una misa cantada con diácono y subdiácono", un día en que debía "haber sermón y cera y todo lo necesario para decir la dicha misa con sus capas".

Con esta fundación, se consolidó la Fiesta de la Cinta como uno de los hitos más importante en el calendario celebrativo de la antigua Villa de Huelva, llegando hasta nuestros días.