Iglesia de San Pedro

Orígenes. Historia. El retablo mayor. La torre.

 

 

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Orígenes de sus construcción:

 

En unos de los cabezos que configuran la ciudad de Huelva se encuentra la Iglesia más antigua de la capital como es la Iglesia de San Pedro. Asentada sobre los restos de una mezquita árabe a los pies del Castillo de Huelva, hoy desaparecido, es un edificio de estilo gótico-mudéjar cuya fecha de construcción data del siglo XIV a finales del XV, sufriendo distintas transformaciones hasta crear bien entrado el siglo XVI el templo único en la villa capaz de albergar a la población onubense.

La primera Iglesia parroquial de Huelva quedó consagrada a San Pedro y llega a su estado actual a través de varias obras, ampliaciones y reformas que van desde el siglo XIV hasta incluso el siglo XXI; que en mayor o menor ejecución han transformado el templo.

 

Historia:

El edificio en su planta y alzado se corresponde con el modelo gótico mudéjar sevillano: planta basilical, cabecera cubiertas con bóvedas de nervios sexpartita mientras que el resto de las naves va cubierto con artesonado de par y nudillo en su parte central y en las dos laterales artesonado a una sola agua o colgadizo( de herencia hispano musulmana). Dentro de lo que es la planta de la Iglesia se distingue perfectamente dos zonas: cabecera y naves.

La cabecera está dividida en dos tramos: ochavada en el presbiterio y rectangular en el antepresbiterio. Las bóvedas en los dos tramos son de crucería labradas en piedra caliza cuyos nervios se apoyan en capiteles adosados al muro y ligados entre sí por medio de una imposta corrida. El elemento de unión entre los dos tramos es un nervio que la convierte en sexpartita. Los pilares adosados que sirven de separación entre el primer tramo y el segundo de la capilla mayor llevan adosado baquetones y son los encargados de formar el arco fajón interior y el arco toral, todos de forma ojival.

 

Las tres naves que conforman la fábrica de la Iglesia se corresponden con una central de mayor altura y dos laterales separadas por pilares que sustentan arcos apuntados de gran altura y que conforman cinco tramos. El cuarto y quinto tramo añadido en los comienzos del siglo XVI (1508) mantienen el coro y el trascoro. Los cuatro pilares más cercanos a la zona de presbiterio son de sección cruciforme. En las dos naves laterales son abundantes las capillas de distintos artistas y dedicadas a distintas vocaciones, algunos de ellos influenciados por los retablistas sevillanos, como por ejemplo, Martínez Montañés.

 

El retablo mayor:

 

Siguiendo la cabecera, mención especial merece a todo lo que es la restauración del altar mayor en 1646, fecha en que se dora y se limpia el retablo. En 1721 Francisco de Torres y Esquivel presenta un informe alegando la necesidad de la realización de un nuevo retablo mayor por estar el anterior muy antiguo y deteriorado. El encargo fue dado en 1722 a Antonio de Carvajal, ensamblador, arquitecto, entallador, escultor y carpintero, formado en el ambiente artístico de Pedro Roldán, quien se compromete a la realización del retablo en el plazo de dos años.

 

Realiza un diseño fundamentalmente arquitectónico siguiendo el gusto de la época de los retablos-fachada. Se adapta perfectamente a la forma poligonal del testero y se levanta sobre un banco con mesa de altar y tabernáculo al centro según las ordenanzas canónicas de la época rematado en sus medios por dos mensulones sobre los que se levantan cuatro estípites que dividen el cuerpo central en tres calles con hornacinas y ménsulas con tondos de imágenes.

 

La calle central, de mayor anchura que las laterales, en su parte baja lleva el tabernáculo de forma trapezoidal adornado en sus ángulos por columnas salomónicas o retorcidas, mientras que por encima del tabernáculo se coloca dos camarines superpuestos siendo el primero dedicado a San Pedro, escultura sedente; y en el segundo, por Santa Ana y la Virgen Niña.

En las calles laterales, en hornacinas se encuentran la Inmaculada Concepción y San José. Este retablo mayor de San Pedro se corona con un gran ático semicircular separado del cuerpo inferior por un guardapolvo de gusto clásico mientras que la parte superior de ese ático se remata por guirnaldas. Todo el ático está presidido por un alto relieve del padre eterno en actitud de bendecir y sosteniendo la esfera de universo en su mano izquierda. Va acompañado en los laterales por las esculturas de San Martín de Porres y San Lucas.

 

Al más puro estilo barroco castizo, el retablo queda totalmente completo al incorporarle hojas de acanto, roleos, órdenes clásicos usados con plena libertad, querubines, volutas, tornapuntas y frontones quebrados o triangulares. Este retablo volvió de nuevo a ser restaurado por Juan Aguilar Gutiérrez entre 2003 y 2004.

 

La torre. Una accidentada historia.

 

El siglo XVIII para la historia de San Pedro es crucial. La Iglesia sufrió diversos daños debido a catástrofes naturales. En 1722 el huracán que acaeció demolió la espadaña de cinco vanos. En 1755 se produjo el terremoto de Lisboa, cuyas consecuencias para la Iglesia fueron demoledoras al afectar al cuerpo y capilla mayor, espadaña y casa del cura. En 1758, otro huracán quebró el campanario recién hecho y partió la bóveda de la capilla mayor y el testero. En 1763, un nuevo terremoto que dejó el campanario en ruinas y afectó de nuevo el altar mayor.

 

La ubicación de la torre campanario de la Iglesia de San Pedro se debió fundamentalmente por colocarla en un lugar donde fuera menos combatido el viento, y fue Pedro de Silva quien el 5 de julio de 1970, presenta el proyecto del campanario. Fue construida por Francisco Díaz Pinto.

La torre tiene su cimentación en piedra, y a partir de ahí, comienza su construcción en ladrillo donde el contraste del color blanco de los fondos con el cálido tono del avitolado y del ladrillo cortado se completa con cuatro pilastras en los ángulos de la torre, placa conmemorativa, óculo circular.

 

El cuerpo de campana está dividido en cuatro partes: con cuatro pilastras en sus cuatro ángulos, dos a cada lado. El segundo cuerpo con dieciséis pilastras, cuatro en cada esquina de orden dórico con arquitrabe, friso y cornisa, y sobre este cuerpo se colocará el chapitel octogonal recubierto con azulejo vidriado en tonos azules y blanco y rematado por una veleta y cruz de épocas anteriores.

 

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