Parque Moret

Parque Moret.

Introducción. La Importancia Del Parque Moret. El Proyecto. Seguimiento de las Obras. Tumulo 1 y 2.

 

 


Introducción.

El Parque Moret forma parte de la necrópolis del periodo orientalizante onubense. Las investigaciones arqueológicas han demostrado la presencia de túmulos, lo que significa que algunas de las pequeñas elevaciones que encontramos en el parque son de origen artificial, realizadas como monumentos funerarios que marcan en lugar de enterramiento de miembros destacados de las sociedad tartésica (siglos VII-VI a. C.).

 

 La Importancia Del Parque Moret.

La importancia del Parque Moret como lugar de enterramiento tartésico fue dada a conocer por Juan Pedro Garrido Roiz, continuador de los trabajos del afamado arqueólogo Jorge Bonsor, quien en los años 20 ya realizara una pequeña excavación, apuntando el hallazgo de la necrópolis tumular, que pasaría posteriormente a ser protegida mediante el Sector A-2 de la Zona Arqueológica de Huelva.

 

El Proyecto.

El proyecto de adecuación del Parque Moret, orientado a dotarlo de una serie de senderos y servicios para el esparcimiento y que lograba consolidarlo como una de las principales zonas verdes de la ciudad, también marcaba entre sus objetivos la investigación e incorporación del patrimonio arqueológico al contenido del parque, como forma de mostrar la historia onubense a ciudadanos y visitantes.
Esto hizo que la investigación arqueológica formara parte de la obra de remodelación del parque, buscándose entonces el diagnóstico de los restos arqueológicos ya conocidos. Se llevó a cabo entre el 3 de septiembre de 2003 y 30 de septiembre de 2004, mediante la actuación de la Gerencia Municipal de Urbanismo del Excmo. Ayuntamiento de Huelva, en colaboración con los principales centros de investigación protohistórica, la Universidad de Huelva, Universidad Nacional de Educación a Distancia, Universidad Complutense de Madrid y el Centro de Estudios fenicios y púnicos.
Los Túmulos 1 y 2, objeto de intervenciones previas escasamente documentadas, fueron abiertos de nuevo para estudiar su estado, sus posibilidades de puesta en valor así  como de aportación de nuevos datos de interés. La intervención se orientaba también hacia la detección de otros posibles túmulos en las restantes elevaciones del parque mediante análisis geotécnico así como la reconstrucción paleoambiental, a través de la recogida y análisis de diversas muestras, o el seguimiento general de las obras, controlando la posible aparición de nuevos hallazgos.

 

 Seguimientos de las Obras:

Del seguimiento de las obras, las Estructuras  D, E y F, constituyeron los hallazgos de mayor interés, permitiendo la ampliación de los periodos históricos detectados hasta ahora en el Parque hacia la etapa romana (d) y almohade (f), mediante el estudio de restos arqueológicos propios de instalaciones agrícolas del entorno inmediato de la ciudad onubense.
El seguimiento de las obras permitió la detección de una alteración, en el sustrato de arenas del cabezo, denominada Estructura E, de forma cilíndrica con casi un metro de diámetro, formada por un sedimento anaranjado con algunos fragmentos cerámicos. Al proceder a su excavación, y tras superar los once metros de profundidad, la aparición del nivel freático impidió llegar al fondo de la estructura, por lo que no está confirmada su funcionalidad. Lo cierto es que aportó un interesante conjunto de materiales de la segunda mitad del siglo VII a.C. Si bien puede tratarse de un enterramiento del tipo denominado “tumba de pozo”, propio del ambiente cananeo y fenicio, también podría tratarse de un registro colmatado del acueducto protohistórico de la ciudad, y en cualquier caso pertenece al mismo momento de funcionamiento del Parque Moret como necrópolis. Actualmente, la parte no excavada de la estructura se encuentra conservada bajo el lago artificial.

 

 Tumulos 1 y 2.

El Túmulo 1:
Estructura construida mediante ladrillos de adobe formando una serie de muretes con disposición radial y rellenos intencionales en los espacios intermedios, que hacen de ella una construcción circular maciza, con un diámetro aproximado de 25 metros y una potencia conservada que supera el 1,30 m, continuando en profundidad. Desconocemos la altura original y cabe suponer el desgaste por erosión de toda la parte alta de la misma. No está clara su función funeraria, no llegando a encontrarse la cámara sepulcral. El especial colorido de los materiales empleados, arcillas de distinta procedencia en tonos rojos, verdes o amarillentos, apunta una marcada función visual, así como el lugar elevado elegido para el emplazamiento de esta construcción.
Los fragmentos cerámicos recogidos en la campaña de limpieza y diagnóstico, que son de pequeño tamaño y se encuentran fuera de contexto, pues fueron los desechados en la actuación previa, apuntan claramente al siglo VII, ollas realizadas a mano y platos de engobe rojo, de similares características a los documentados en el Cabezo de San Pedro o la Necrópolis de La Joya. El carácter deleznable de los adobes, dificultaba su permanencia a la intemperie y fue tapado para evitar su deterioro.

Túmulo 2:
La excavación confirmaba la presencia de una elevación de carácter artificial puesto que está relacionada con una fosa de enterramiento realizada en el terreno natural y además se compone de una serie de paquetes sedimentarios de distinta índole, ricos en material arqueológico. Se ha estudiado la composición y disposición de estos depósitos, geológicamente formados por gravas de la propia terraza fluvial, con alto contenido en oxido de hierro, pero que también incluyen ciertos elementos de origen natural como restos vegetales y de pólenes o fragmentos óseos animales –vaca, ciervo, cabra-,  así como elementos de factura humana en forma de pequeños fragmentos cerámicos realizados a torno y a mano. Todos ellos pertenecen al momento en que el túmulo fue construido y aportan información sobre ese periodo histórico.
A partir de estos indicios se puede concluir que en este lugar se llevó a cabo un único funeral, que podemos situar, tras el análisis cerámico, en la segunda mitad del siglo VII a.C.  La construcción del túmulo pudo acompañarse de determinados rituales relacionados con el enterramiento, tales como el banquete funerario y la manipulación de determinadas cenizas que parecen intencionalmente vertidas en él.
El ajuar funerario, formado por objetos de bronce y hierro, de rasgos similares a los  recuperados en La Joya,  fue extraído por Juan Pedro Garrido, su excavador en los años 90.

 

 

Descúbrela

El legado inglés

La Huelva Religiosa

Casco histórico

Museo de Huelva

Huelva arqueológica

Puerta al nuevo mundo

Entre dos rías

Huelva y el mar

Formulario de acceso